Acostumbrado en los últimos tiempos a escapar de la realidad, parece que se termina otro camino o tal vez solo este escapando del frío.
Vuela en mil aviones de papel donde escribe lo mucho que la echa de menos. Ella, su realidad, o al menos la que él desea. Una realidad que se niega justo a eso, a ser real. Una realidad dibujada en su piel para no olvidarla jamás, una realidad que ansia vivir por encima de todos sus sueños, una realidad que le susurra, pero ni le llama ni le despierta. Una realidad que le confunde tanto o más que sus sueños.
Esa realidad que de real solo tiene el nombre que él le puso para no llamarla por el suyo, para no llamarla amor, para no confundirla con un sueño inalcanzable y verla con los ojos abiertos.
Porque ella era lo único que a la vida le daba sentido. Rebusca en la memoria el rincón donde perdió la razón, y lo encontró donde se le perdió cuando le dijo que no.
Ella es mi realidad, esa de la que escapo por no serlo, esa que se resiste a ser sueño inalcanzable. Ella que es un destino al que no llegan ninguno de mis aviones de papel.
Él se vuelve duro como una roca, sino puede acercarse ni oír los versos que le dicta su boca. Y ahora que no le queda nada, ni dar, la parte de dar que a él le toca. Por eso no ha dejado de andar y sigue buscando su destino, viviendo en diferido sin ser, ni oír, di dar...
A cobro revertido quisiera hablar con ella y así sintonizar.
Ella, la realidad con la que sueña pero que no deja de ser eso, un sueño.
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